lunes, 28 de enero de 2008

AMOR CONDUSSE NOI AD UNA MORTE
Amar es una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda; es un querer saber todo lo tuyo y a la vez un temor de al fin saberlo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras, y pretender seguir tu pensamiento cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.
Amar es una cólera secreta, una helada y diabólica soberbia.
Amar es no dormir cuando en mi lecho sueñas entre mis brazos que te ciñen, y odiar el sueño en que, bajo tu frente, acaso en otros brazos te abandonas.
Amar es escuchar sobre tu pecho, hasta colmar la oreja codiciosa, el rumor de tu sangre y la marea de tu respiración acompasada.
Amar es absorber tu joven savia y juntar nuestras bocas en un cauce hasta que de la brisa de tu aliento se impregnen para siempre mis entrañas.
Amar es una envidia verde y muda, una sutil y lúcida avaricia.
Amar es provocar el dulce instante en que tu piel busca mi piel despierta; saciar a un tiempo la avidez nocturna y morir otra vez la misma muerte provisional, desgarradora, oscura.
Amar es una sed, la de la llaga que arde sin consumirse ni cerrarse, y el hambre de una boca atormentada que pide más y más y no se sacia.
Amar es una insólita lujuria y una gula voraz, siempre desierta.
Pero amar es también cerrar los ojos, dejar que el sueño invada nuestro cuerpo como un río de olvido y de tinieblas, y navegar sin rumbo, a la deriva: porque amar es, al fin, una indolencia.


Xabier Villaurrutia

lunes, 14 de enero de 2008

EN TI ME QUEDO
De vuelta de una gloria inexistente,
después de haber avanzado un paso hacia ella,
retrocedo a velocidad indecible,
alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta,
llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre
expulsado de la escuela vespertina en la que era becario.
Estoy aquí,
donde yo siempre estuve,
donde apenas hay sitio para mantenerse erguido.
La soledad es un farol certeramente apedreado:sobre ella me apoyo.
La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigadade sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).
No importa, sin embargo.
Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamentela distancia que separa Tokio de Copenhague,
pero con más rapidez todavíame desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo,
de prisa, muy de prisa,
en un abrir y cerrar de ojos,
en sólo una diezmilésima de segundo,
lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora,
que me permite,
si mis cálculos son correctos,
estar en este instante aquí,
después mucho más lejos,
mañana en un lugar sito a casi mil millas,
dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre,
por alejada que os parezca ahora.
Consciente de esa circunstancia,
en muchas ocasiones emprendo largos viajes;
pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos,
la nostalgia me muerde las entrañas,
y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo-como dije al principio: alegre,
porque sé que tú eres mi patria, amor mío; my triste,
porque toda patria, para los que la amamos,
- de acuerdo con mi personal experiencia de la patria-tiene también bastante de presidio.
Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos,
asciendo hasta tu boca,
me asomo al borde de tus ojos,
doy la vuelta a tu cuello,
desciendo por tu espalda,
cambio de ruta para recorrer tus caderas,
vuelvo a empezar de nuevo,
descansando en tu costado,
miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,
digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,
y si cierras los ojos cierro también los míos,
y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano,amor,pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.

-Ánegel González-