
el autobús se ha convertido en un lugar de confidencias, de desvelar secretos. Yo no contaré tu secreto y tu tampoco contarás el mío, así me lo dijo.
Esperé, llegó, subí, pagué, me senté, confesó, confesé, toqué el botón y nos bajamos.
Pero cuando bajamos de ese autobús ya no eramos los mismos.