
el autobús se ha convertido en un lugar de confidencias, de desvelar secretos. Yo no contaré tu secreto y tu tampoco contarás el mío, así me lo dijo.
Esperé, llegó, subí, pagué, me senté, confesó, confesé, toqué el botón y nos bajamos.
Pero cuando bajamos de ese autobús ya no eramos los mismos.
2 comentarios:
Si, cuantas veces hemos conversado con alguien a quien no veremos jamás, y después de que termina el viaje, y nos despedimos, ese "ya no somos los mismos" se convierte en un gran desahogo.
Y pensar que, de no haber coincidido en ese autobús tantas veces, no seríamos tan amigos a día de hoy... ;)
Publicar un comentario